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miércoles, 12 de agosto de 2026

JUAN JOSÉ SOTO BACIGALUPO, EL PROFETA DE LA SOMBRA Y LOS ABISMOS

 

Aproximación a “Palabra sobre los abismos” (2026)

No preguntes más cuál es tu destino

Indecible oráculo entre cantos de sirena

Ceguera conversa

A los pies de la única verdad que nos queda

De las manos

los cartílagos

las tercas falanges

 —Juan José Soto Bacigalupo, “Palabra sobre los abismos” (2026)

 

 

Juan José Soto Bacigalupo, poeta y gestor cultural que dejó huella en su paso por Chiclayo, organizando eventos culturales que unieron a los artistas lambayecanos. 


UN ESCALOFRÍO RECORRE mi cuerpo al saber que escuché la voz del poeta por llamada telefónica e hice un acuerdo de encontrarnos con él cuando solo le quedaban dos horas de vida terrenal. Miro la portada de su libro y pienso que ese es su verdadero cadáver, uno que nunca va a encontrar la putrefacción. Este florecerá como lo hicieron las semillas de los árboles que pueblan los paraísos que ahora él habita.

Se ha ido, señoras y señores, un hombre que dio su vida por la palabra y que ahora vive en ella. Juan José Soto, a través de los versos de este libro, nos ha revelado la verdad de la videncia: los ojos físicos no pueden ver el verdadero mundo ni el futuro.

Palabra sobre los abismos, publicado por primera vez en 2005, es un libro sombrío y tristemente profético. Y no me alegra decirlo.

Nosotros hubiéramos preferido al profeta errado que al poeta muerto.

Perdónanos, Juan José, por no ver las cosas que tú escribiste, por esmerarnos en calibrar metáforas y sonidos, cuando en cada instante luminoso en que oíamos tu música nos decías que estás marchando en línea recta hacia el abismo.

Este libro está compuesto por 15 poemas. Y aquí existen cinco grandes ejes temáticos.

Flyer de la presentación póstuma de la reedición de "Palabra sobre los abismos". Te extrañamos, amigo. 


1. La palabra y la creación poética como refugio ontológico

Los metapoemas son versos que abordan temas poéticos. Es la poesía hablando sobre la poesía. La palabra y la poesía son refugios para la voz poética, quien vive en un mundo quebrado, a oscuras, donde existen visiones del más allá que son símbolos del dolor humano, junto con un «estruendo horrísono». Los hombres son «barro de alucinada clemencia». Las palabras —que son más que palabras— son también metapalabras, si cabe el término. Es decir, asistimos al discurso de un hombre que, como cualquier otro artista, no se conforma con el lenguaje que domina y busca algo que está más allá de este. Recordemos que en la poesía las palabras son actos y que buscar nuevas palabras corresponde a una sensibilidad mayor, esa que no puede descifrar cómo concibe el mundo usando las mismas herramientas de los demás mortales que no tienen ese mismo corazón. En conclusión, Juan José es un poeta que mira el atardecer y sus mil colores, pero se encuentra con una paleta de solo tres colores. Entonces busca más colores y tonos para explicar ese eterno crepúsculo que vive en su pecho.


Busco palabras

Que sean más que palabras

Que hablen más de sí mismas.

Poema I, Palabra sobre los abismos

 

2. El amor, la memoria y el tiempo

Juan José parte desde la penumbra, el silencio y la distancia. ¿Podemos afirmar que vivía feliz junto a su musa? La respuesta es no. Hay un vacío que lo intriga, que lo hace convertirse en un péndulo que vive entre el pasado y el futuro que mira sin permiso de los dioses y, aun así, lo escribe. No, la musa no está. Es el cuerpo de una mujer ausente, dejando su aroma en las páginas de este libro que tiene el pulso fresco de Jota; ella es «la voz en la penumbra», el «insólito vino», «espíritu habitante de las peñas del viento» (el viento, algo inestable, pasajero, inmaterial hasta cierto punto, invisible). Cuando habla de «labios con sabor a cristales rotos», definitivamente, mis poderes de exégeta me dicen que la voz poética estaba tratando de retratar el dolor de una ruptura amorosa.

Juan José Soto, haciendo que las palabras alcen vuelo. 


3. La ceguera, la revelación del oráculo

Aunque existe la posibilidad de que se refiera a un familiar suyo que estaba perdiendo la visión, del cual hablamos en nuestra última charla por teléfono, pienso que este tema se puede enfocar desde el siguiente punto de vista. Tiresias era un famoso adivino ciego de la ciudad de Tebas. No podía ver el mundo físico, pero con los ojos astrales, los del espíritu, veía la verdadera realidad y también tenía acceso al futuro. De esta ceguera nos habla JJ. Poeta es sinónimo de vate, porque vaticina. Y esos vaticinios no los hace con los ojos físicos, sino con los del corazón. El poeta, incluso, pone su verbo en el carísimo cofre de las metáforas, porque no dice lo que dice, sino que lo sugiere. Así como lo que vemos en los poemas no es el mensaje real, sino que necesita descifrarse, mirar con esos ojos el mundo es un error también, ya que el mundo no es un libro textual, sino un texto que debe ser interpretado más allá de lo físico.



No preguntes más cuál es tu destino

Indecible oráculo entre cantos de sirena

Ceguera conversa

A los pies de la única verdad que nos queda

De las manos

los cartílagos

las tercas falanges.

Poema VI, Palabra sobre los abismos

 

El poeta menciona a las «tercas falanges» porque las manos, el tacto o la escritura son lo que le permite avanzar en medio de este mundo lleno de sombras, aberraciones y cuerpos exhumados por la palabra.


Gracias por tu amistad, querido Juan José. 

4. El abismo, el vacío y el naufragio

El poema XIII es revelador. El yo poético vive en medio de un «siglo de tormenta, de naufragio», «mares encrespados», «azote inclemente» y sintiendo permanentemente «el duro sabor de las peñas». Todas estas figuras en este poema hablan de adversidad. Un poeta es un traductor del mundo; en este caso, uno adverso, lleno de preocupaciones, de problemas que hay que sortear o resolver. Y aquí también se cruza otro tema, ya que podríamos hablar de otra ceguera, donde el poeta sencillamente se tapa los ojos ante la zozobra y decide olvidar el mundo terreno y refugiarse, otra vez, en las palabras y la escritura. El autor anota:


Indescifrable caos el de nuestras voces

Y los crustáceos kamikazes

Estrellándose contra las rocas.

Poema X, Palabra sobre los abismos

Imagen extraída de las redes del autor


5. La intuición de la finitud y el presagio del desgarro

La noticia ridículamente cierta y trágica de la partida de Juan José, de inmediato, me transportó a ciertos versos de nuestro amado Jota. Tuve el honor de comentar, el 17 de diciembre de 2022, su libro Lado B de las sombras. Ya lo había leído anteriormente, pero, en este libro, me llamó la atención de manera particular ese halo de sombra y muerte que cargaba. Incluso, al desmembrar las metáforas frente a él, en público, tal vez haya sentido la incomodidad de ver expuestos algunos mensajes que habían quedado cifrados. 

En dicho poemario, además de afirmar: «Un iracundo orate / se estrella / sobre una bandada de cormoranes», también escribe:


Se escucha el clásico sonido de una sirena

Siempre a destiempo

Siempre inútil

Me dejan caer de golpe

La cabeza rueda

Alguien coge el tórax

Poema IX, Lado B de las sombras (2022)

 

Sin embargo, hoy hemos venido a hablar de Palabra sobre los abismos, libro anterior a Lado B..., desde donde ya dibujaba los negros símbolos de una profecía, pues casi en la tercera parte de este libro se refiere al peligro, el corte, el dolor físico y la agresión.

He aquí dos muestras:


Arrebato de sangre

Zarpazo

sobre la desguarnecida piel

del poeta

Poema II, Palabra sobre los abismos

Y también, más adelante, profetiza:

Hay un siglo de sangre inocente (…)

Sima insaciable (…)

ofrendando sus vidas

a la inclemencia firme de una espada.

Poema XII, Palabra sobre los abismos

Pensar que gran parte de su poesía era un oscuro presagio resulta poéticamente contradictorio. En sus poemas había sombras, ceguera y noches. Volver a esa oscuridad, la que nos ofrecen sus versos, es, de pronto, encender la luz para ver mejor su rostro. A partir de ahora, Juan José nos invita a ingresar a su universo donde se escuchan los cantos de las sirenas, el ruido del mar sobre las costas, cadáveres cuyos huesos se desmoronan, pero también está la calidez de su amor por la figura femenina, por la musa y por la vida.

Quien suscribe, a la izquierda de Juan José, presentando su libro "Lado B de las sombras". 

Curiosamente, en esa sombra aún vive gran parte de su fuego, uno que también hacía brillar la antorcha de Tiresias, el famoso profeta ciego de Tebas.

Reitero: todos hubiéramos querido al profeta errado y al hombre vivo, al amigo risueño que estrechaba la diestra con fuerza, el de los abrazos prolongados.

No habrá otro Juan José en muchos, muchos años, y eso nos hará quererte y abrazarte mucho en el recuerdo, entendiendo con madurez que ya cumpliste tu ciclo en este mundo de hombres que no leen poesía y no conocen tu sensibilidad.

Adiós, mi buen amigo, y buen viaje.

¡Dios te bendiga!



 

 

 

 

Chiclayo, 1 de agosto de 2026

 

 

En su memoria, y en este viaje en el que sus versos me acompañan, le escribí estas líneas:



Última canción para Juan José Soto Bacigalupo

 

Hay una luz de ángel

que ha teñido tu puerta.

Y aunque la ves venir

tú te tapas los ojos.

Deja que las cenizas

de este último fuego

vuelen hacia el abismo

mientras abres tus wings / alas.

Eres un ave ahora del Urano.

¿Quién extraña la Tierra

con un trono dorado en el Olimpo,

con peldaños de rosas que se elevan

cual pañuelos de adiós

directo al infinito?

Mira esa aura azul sobre tu cuerpo,

la eternidad palpitando en tu pulso,

la voz de Dios rodando hasta tu oído

diciéndote: «Juan, deja a los poemas

soltar sus mil raíces como espadas

hundiéndose en la tierra de los tiempos,

en la guerra final contra el olvido».

Descansa pronto, amigo. Duerme. Duerme.

Y olvida el negro acero

que interrumpió tu música.

Sobre tus huellas va a crecer la hierba

fresca y hermosa de tus negros versos.

Ya no le cantes más a los abismos.

¡Elévate sobre ellos!

Mira los techos sucios de Barranco,

Lima con la forma de una uva gris,

el cariño sazonado del norte,

las calles destruidas de Chiclayo,

el coro de tus amigos cantando

mientras tocan sus liras

viendo cómo el ciclón

de tu espíritu alegre

se funde entre la inmensidad del cosmos.

Duerme sobre el laurel, poeta. Duerme.

Duerme sobre mi amor, poeta, duerme.

Duerme sobre el relámpago, mi amigo.

Ya tu pluma escribió

todos, todos tus versos.

 

 

En ruta a Lima (Pacasmayo)

Viernes, 24 de julio de 2026 — 11:50 p. m.