(…) la historia nos muestra la
fragilidad del amor en sus dos formas: al centro del escenario, Carolina y
Sofía se despiden como dos objetos que, al separarse, se llevan una parte del
otro consigo. Y, por supuesto, el pez, una metáfora del peligro de muerte, ya
que las condiciones para que sobreviva resultan complicadas, igual que en el
amor.
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| Carolina y Sofía, protagonistas de la obra Carpín Dorado |
El pez de papel aguardaba inmóvil dentro de la
pecera. Abrieron las puertas del local y la gente avanzó con prisa para
conseguir los mejores asientos. Frente a nosotros, la escenografía lucía
sencilla, pero elegante y llamativa. Este viernes 25 de octubre, Cisne Alternativo, bajo la
dirección de Roy Marcelo, presentó en Chiclayo la obra Carpín Dorado,
escrita por el dramaturgo peruano Diego La Hoz.
Una constelación de papelitos multicolores, adheridos por todo el
escenario, sorprendió a quienes no conocíamos la obra.
Apareció el director. Contó los motivos de su incursión en el teatro, su
historia durante la pandemia, la formación del grupo, las experiencias
compartidas, y el origen del nombre Cisne Alternativo.
El público seguía atento al escenario, esperando la aparición de las dos
jóvenes protagonistas de esta historia llena de intimismo, drama y poesía.
Acto seguido, presenciamos un performance de danza contemporánea. La joven
bailarina tenía carácter. Surgió entre las columnas del público, que aplaudió
su breve participación. La espera por el número principal se alargó unos
minutos más, pues se improvisó una entrevista a la estudiante de Arte de la Universidad
Nacional Pedro Ruiz Gallo.
Un juego de luces errático —y hasta cierto punto cómico— nos separaba del
inicio de la obra. Ya no existía casi nada entre los espectadores y las
actrices, entre nosotros y la historia.
Por fin, igual que una sombra o un sueño, dos siluetas donde predominaba el
color naranja formaron un semicírculo con su marcha y se encontraron frente a
nosotros. El preludio de la obra era una dramática coreografía donde las
protagonistas hacían el amago de los besos y las caricias, de las discusiones y
el adiós.
La historia arrancó con un silencio incómodo entre las jovencitas. Una
maleta de color rosado era testigo de sus discusiones sobre la necesidad de
escapar del país, sobre la muerte y sobre el amor que contiene y cuida, que
arde y se aferra.
Las voces lograron, con
creces, transmitir los sentimientos de ambas, y la acústica permitió entender
cada palabra con claridad. La tensión alcanzaba su clímax cuando un grito —como
un navajazo— desgarraba el silencio y nos devolvía a la cólera y la impotencia
de Carolina, interpretada magistralmente por Leydi Quijano.
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| Flyer promocional de la obra |
Por su parte, Sofía, encarnada por Sulibeth Jiménez (miro el flyer una y otra vez para no confundirme con las letras de su nombre), nos transmitió algo que, desde mi ignorancia de las técnicas histriónicas, podría llamar una doble capa de actuación. Jiménez debía fingir dos veces: primero, ser Sofía; y segundo, ser una Sofía que aparenta frialdad, pero deja entrever, por rendijas casi invisibles, un mar de melancolía por haber tomado esa decisión que, en el fondo, la estaba —prematuramente— matando en vida.
El texto también tenía
ciertas vetas que aludían a las luchas del colectivo del abecedario, cuestiones a
las que una de las protagonistas llama derechos. Pero no se profundiza en ello.
El fondo de todo esto son esas dos muertes a las que se enfrentan las mujeres:
una espiritual con la despedida, y una física, la cual es el destino próximo de
Sofía y el principal motivo por el que se aleja.
Hubiera disfrutado la
obra plenamente si encontraba un mejor lugar para observarla. Los asientos
estaban dispuestos uno detrás de otro, pero pienso que, de haberse conseguido
un local con graderías, la experiencia habría sido más completa y el público
habría percibido los gestos y desplazamientos con mayor claridad.
Lamentablemente, desde mi segunda fila, un hombre con peinado afro —que
duplicaba el tamaño de su cabeza— me robó, en varias ocasiones, hasta el
treinta por ciento del campo visual, lo cual me hizo vivir otro drama desde mi lugar.
También la historia nos
muestra la fragilidad del amor en sus dos formas: al centro del escenario,
Carolina y Sofía se despiden como dos objetos que, al separarse, se llevan una
parte del otro consigo. Y, por supuesto, el pez, una metáfora del peligro de
muerte, ya que las condiciones para que sobreviva resultan complicadas, igual
que en el amor: puede vivir casi diez años, pero la temperatura del agua debe
variar entre 14 y 22 grados.
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| Flyer promocional de la obra |
Pero… ¿acaso todo esto no
es también una metáfora de la fragilidad del arte?
El teatro de Chiclayo es
como un menudo Carpín Dorado: sobrevive en aguas adversas y agresivas, en
condiciones difíciles que amenazan su permanencia.
En las palabras de Roy
Marcelo comprendí que su tarea es una lucha a contracorriente, nacida en medio
de la adversidad de un virus que paralizó al mundo. De allí emergió Cisne
Alternativo, cuyo canto he tenido el privilegio de escuchar este viernes 25
de octubre.
Que este cisne crezca, se
fortalezca y continúe volando, para que en el futuro nos revele escenarios aún
más ambiciosos, donde el arte vuelva a ser ese milagro que nos devuelva emociones
arrebatadoras y profundas.
La obra cierra con una
postal desgarradora. Leydi, aún en la piel de Carolina, se abraza a sí misma,
como intentando contener el dolor de sus heridas, tratando de no desmoronarse.
Camina de izquierda a derecha con la mirada perdida, extraviada en el laberinto
reciente de su memoria, poblado de fantasmas grises que tiemblan.
Las luces van perdiendo
fuerza: se apagan con lentitud, igual que su espíritu.
De fondo, una melodía nos
eriza la piel: es Only Love Can Hurt Like This.
Chiclayo, 26
de octubre de 2025




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